El desafío es el mismo


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Alcira Argumedo

Alcira Argumedo

Esta semana está en Comodoro Rivadavia, dictando un seminario de posgrado, Alcira Argumedo. Hace casi veinte años, creo que a principios de 1990, había venido a la ciudad para un congreso de Arquitectura, y entonces -siendo aún estudiante- le hice una entrevista. Paradojas del destino: en esa época yo estaba investigando cuestiones relacionadas con las “Nuevas Tecnologías de Comunicación” y focalicé en ese tema los trabajos de las últimas materias que rendí. Casi dos décadas después, y luego de mediaciones y rodeos, vuelvo a estos temas “tecnológicos”. Lo curioso es que si bien en la epidermis los cambios parecen abrumadores (como dato entre esa entrevista y la actualidad apareció nada menos que Internet) la entrevista no me parece para nada anacrónica.

Alcira insiste en las continuidades subterráneas de la historia, y es posible que las “novedades”, sin desmerecer la necesidad de comprenderlas acabadamente, cambien su condición cuando uno modifica la escala de la mirada.

En fin, me pareció interesante recuperar esa vieja entrevista, tal como apareció “publicada” en una revista de ejemplar único, preparada para aprobar una materia de grado, que tenía el pomposo nombre de “Cuadernos de Cronopio del Desierto”.

EL DESAFIO DE LAUTARO
Una charla con Alcira Argumedo

por Luis Sandoval

En uno de tus libros planteás la necesidad de contar con una masa crítica para producir tecnología de punta. Las iniciativas de integración actuales, como el Mercado Común Latinoamericano, en los términos en que se están planteando, ¿posibilitarían algún tipo de desarrollo industrial en tecnología de punta?

Me da la sensación, por lo menos en lo que respecta a la Iniciativa de las Américas, que más que producir tecnología de punta, se busca la introducción de tecnología norteamericana. Es la búsqueda de la ampliación hacia los mercados latinoamericanos de alto consumo generados por la polarización social que se ha venido dando.

Precisamente lo que va a tender a sabotearse son las potencialidades de decisión autónoma sobre desarrollo tecnológico para evitar cualquier tipo de competencia. De ahí que la incorporación de tecnología estaría dada en función del papel que se le defina, en la provisión de esos mercados, a los distintos países que lo integran. Para nada se plantea una potenciación del desarrollo tecnológico, sino más bien que la lógica es continuar con al modelo actual. Este modelo significa para las universidades y los institutos de investigación la casi intencional destrucción de la potencialidad de creación de respuestas autónomas. Se las está liquidando en los hechos, a través de las definiciones presupuestarias. Y los presupuestos son definiciones políticas. Se están liquidando las universidades, el CONICET, el INTA, el INTI… todas las áreas que en los distintos lugares tenían una masa crítica de producción tecnológica con cierta visión autónoma.

Ahora se planteó incluso la privatización de toda el área de Ciencia y Técnica…

¿Esto qué quiere decir? Que vas a tener un desarrollo tecnológico en función de necesidades y prioridades que te fijen determinadas empresas, por ejemplo con un tinte exportador. No es que definís un desarrollo tecnológico en función de intereses nacionales y de articulaciones continentales, sino que lo definís como provisión de necesidades de los grupos empresarios que fijan el modelo económico.

Son dos cosas muy distintas. Una es estar al servicio de grupos económicos que tienen el planteo de país para el 25 por ciento de la población, porque es un modelo exportador que no se preocupa por la suerte del otro 75 por ciento. Otra cosa es decidir un desarrollo tecnológico en función de grandes intereses nacionales y sociales. Son dos formas de desarrollo tecnológico totalmente distintas.

Yendo al tema de las alternativas que se pueden plantear a este modelo, parecería que no hay una articulación política para los nuevos movimientos sociales emergentes, y que por otra parte no existiera un modelo técnico alternativo. ¿Existe ese modelo?

La sensación que yo tengo es que no hay un modelo técnico alternativo porque las decisiones técnicas son esencialmente políticas. La brutal desarticulación de las alternativas populares, cualesquiera fuera su signo ideológico, que se sufrió en los últimos quince años incide enormemente en ello.

El Proceso y la represión no fueron casuales; su orientación no fue casual. El campo popular fue acosado por tres grandes líneas: el acoso de la represión, que no fue chiste y que no abarcó solamente el terror sino también la ruptura de los lazos de solidaridad (ya que la solidaridad pasó a ser riesgo de vida) y la ruptura de las formas organizativas, del debate. Todo eso significó la represión. El segundo gran acoso fue el económico; la creación de los marginales y todo lo que significa la desocupación, que no es solamente un problema económico sino también un problema de inserción en el mundo, de identidad. El trabajo cumple una doble función: económica y de articulación de identidades, de lugares bajo el sol. El tercer gran acoso fue el de una forma de la política que adquirió, sobre todo en el peronismo, lo que yo llamaba el “Síndrome de Transilvania”. Los sectores populares tenían que elegir entre Drácula y Frankestein y si no aparecía Frankestein venía el Hombre Lobo, o la Momia, o el Joven Frankestein. Estas eran la opciones ¿no?

Este triple acoso desintegra el campo popular. Con fuertes dificultades en la identidad política, en las formas organizativas, en las inserciones estructurales, ¡No es chiste que te pase una cosa así! Creo que recién después de estos quince años empiezan a darse los primeros signos de rearticulación; muy atomizadas, es cierto, pero empiezan a aparecer ciertas respuestas incipientes que creo son nuevas formas de la política.

El desarrollo tecnológico depende de relaciones de poder y de decisiones políticas. Realmente no hay un modelo necesario de incorporación de tecnología. Y no hay un modelo de desarrollo tecnológico autónomo cuando está desarticulado el campo político. Yo creo que esto en la Argentina se hace especialmente claro. Creo también que existe un cuarto gran acoso: el que se realiza a los sectores medios, a ciertos intelectuales orgánicos potenciales en todos sus niveles; una parte importante saliendo de las universidades nacionales de articulación popular. La tesis de este cuarto gran acoso a las universidades es una tesis política porque piensan que los sectores marginados tienen fuertes limitaciones para articularse como opciones políticas y que requieren el apoyo técnico que les dan ciertos sectores de las clases medias. El acoso a las clases medias hace que su búsqueda por el peso se intensifique y por lo tanto tengan menos tiempo para ver esas opciones de articulación.

Entonces la sensación que uno tiene es que en términos técnicos y económicos, si se diera determinada relación de poder político, un modelo alternativo es viable. El gran interrogante pasa por la capacidad de poder político que se puede concentrar para revertir las actuales relaciones de poder y las lógicas económicas. Técnica y económicamente hay respuestas posibles.

Esto te lo dicen algunos ingenieros: una de las paradojas de las nuevas tecnologías es que, por la cuestión de la obsolescencia, hoy es más fácil para nuestros países llegar a determinados niveles autónomos de producción y decisión tecnológica que lo que era en los años ’40 llegar a niveles equivalentes con las tecnologías de la revolución industrial.

La conclusión es que si se dan determinadas relaciones de poder político, y esta es la clave, hay capacidad de respuestas técnicas y económicas de integración social sobre la base de las nuevas tecnologías. Esa es la tesis.

La crítica típica que recibe el Grupo de los 8, o Ubaldini: “están anclados en el ’45”; ¿no tiene un fondo de verdad en cuanto a que no parecen plantear una propuesta acorde con esta revolución científico-técnica?

No, yo creo que la diferencia pasa sobre todo por lo que de alguna manera expresó Ubaldini: una política defensiva de sindicatos absolutamente acosados, que centraron el grueso del esfuerzo en evitar que los echen más, que les saquen más guita. Y eso es un debilitamiento, pero no quiere decir que en esas potencialidades sociales no haya un proyecto alternativo.

El gran interrogante es la capacidad de articulación de sectores excluidos muy heterogéneos. Esta es la diferencia con otros momentos. Una de las grandes fuerzas del peronismo fue que tenía un modelo de pleno empleo con una clase trabajadora relativamente homogénea, ocupada en un 95 por ciento y que a pesar de sus contradicciones tenía un cierto liderazgo y un proyecto político. Un 30 por ciento de la población estaba organizado bajo un mando global, que era Perón…  eso era indestructible, era muy difícil de desarticular.

Otra cosa muy distinta es hoy un Ubaldini con sindicatos achicados, con todos los condenados. Fijate en Ongaro, por ejemplo, que desapareció pero porque desapareció su gremio, no porque se lo hayan intervenido ni nada parecido. ¡Ahora en vez de obreros  tiene señoritas dactilógrafas!

Miralo a Lorenzo Miguel: una cosa era la patria metalúrgica de los ’70 y otra cosa son los metalúrgicos de hoy. El mismo Guillén, tipo combativo de los años ’70, una de las mejores figuras del sindicalismo y pasa a ser hoy uno de los supuestos modernizadores, terminando patéticamente manoseado, ninguneado por María Julia Alsosaray, esfumándose.

Creo que se piensa en un sindicalismo que ya no existe porque los laburantes, tal como se definían hasta los ’70, tienden a desaparecer. En la Argentina esto se viene dando perversamente por la crisis económica, pero en todo al mundo la clase obrera industrial tiende a desaparecer, como en su momento desaparecieron el campesinado y el artesanado, que se volvieron clases marginales, y al mismo tiempo surgieron otros sujetos sociales. Yo creo que en esta revolución, aceleradamente, se está dando lo mismo. Lo que pasa es que en la otra hubo un tiempo de maduración que duró un siglo y en esta todo transcurre en 10, o en 15 años.

¿Cómo ves el campo de las telecomunicaciones a partir de que asuman STET y Telefónica?

Lo primero que hay que decir es que significa una visión del servicio telefónico para el 25 por ciento de la población. Esto lo dice explícitamente María Julia. Pero es más grave aún por el carácter estratégico que tienen las comunicaciones y las tarifas de telecomunicaciones para acceder a ciertas tecnologías a un nivel masivo. Por ejemplo: toda la cuestión de la interconexión entre redes horizontales de informática tiene una potencialidad organizativa muy grande. Sin embargo, si a determinado costo de pulsos es accesible, a otro costo se vuelve carísimo. Lo que está haciendo esta Entel es encarecer esos servicios.

Por otra parte en todo el complejo teleinformático lo telefónico constituye un núcleo central en la definición de las tecnologías y en los patrones tecnológicos que se vayan introduciendo, incluso en áreas productivas, ya que debe existir compatibilidad. Por consiguiente las decisiones que se toman en las tecnologías de Entel tienen mucha incidencia en las decisiones que se pueden tomar en ciertas tecnologías de punta productivas. Y todo esto lo dejás que lo decidan los tanos y los gallegos. Es una cosa de locos. Ningún país abandona este sector.

Cuando en Estados Unidos, teóricamente el gran neoliberal, la Hitachi le ganó una licitación a una empresa norteamericana para la instalación de fibras ópticas, el gobierno apeló a razones de seguridad nacional, canceló la licitación y se la adjudicó a una empresa norteamericana.

Se deduce que esto es interés nacional básico. Me parece profundamente irresponsable lo que se ha hecho con Entel porque se ve a las telecomunicaciones, o te lo quieren vender, como un servicio más.

La consecuencia inmediata es reconcentrar el poder de las comunicaciones alrededor de ese 25 por ciento más rico del que hablábamos. Todos los elementos del modelo apuntan a una concentración creciente de los recursos en favor de esa minoría.

¿Cómo se puede revertir la centralización existente en el manejo de bancos de datos? ¿Qué alternativas hay de un camino más autónomo?

El tema básico de los bancos de datos, y esto ya lo vieron los franceses, es que todo depende de los códigos y de los enfoques con que se articulen los bancos. Esto es, de un criterio cultural de codificación de la información. Lo que dicen los franceses es que acá el gran desafío es la reinterpretación de la información, que se hace según patrones culturales propios. Entonces la información que se procesa con el insumo de los bancos de datos puede transformarse en otra versión de la historia con los mismos datos.

La cuestión son los criterios o, yo diría, la vocación de afirmación de grandes patrones y la capacidad de generar cuadros técnicos creativos y apropiadores. Una idea de Reyes Matta, que yo le robo, es que acá habría que realizar el desafío de Lautaro. Lautaro era un jovencito mapuche. Los mapuches estaban todos a pata, caminando. Vinieron los españoles con sus caballos y los estaban destrozando. Entonces Lautaro se preguntó: “¿A ver qué es esta nueva tecnología de cuatro patas? ¿A ver cómo es el software?”. Se llevó los caballos, se los apropió, y después los españoles estuvieron cuatro siglos hasta que pudieron derrotarlos. Esto mismo es lo que hay que hacer: hay que tener técnicos de primer nivel como para pescarle la vuelta, con el suficiente compromiso con la historia como para darlo vuelta.

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