Hablando distintos idiomas


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Fernanda, mi hija de 14 años. Para mi son dudas, para ella experiencias

Fernanda, mi hija de 14 años. Para mí son dudas, para ella experiencias

El lunes estuvo en Comodoro Alejandro Piscitelli, invitado por el Programa Conectándonos al Futuro de la Agencia Comodoro Conocimiento (donde estoy trabajando hace un par de meses, y del cual hablaré más detenidamente en otro post). Lo invitamos a que dé una conferencia en una Jornada llamada “TICs, educación y desarrollo comunitario”, destinada principalmente a docentes de los niveles primario y medio.

Piscitelli tiene una notable presencia escénica, resulta motivador y su acercamiento desprejuiciado a las trasnformaciones tecnológicas (que no cae en la ingenuidad), es un soplo de aire fresco. Entre las cosas que dijo (y que están a tono con los últimos artículos de su blog), una frase me quedó dando vueltas. Dijo algo así como que muchas veces los docentes “enseñando” tecnología somos como adultos que aprendimos un idioma luego de los veinte años y tratamos de enseñárselo a hablantes nativos.

Me parece que el ejemplo representa bastante bien una percepción que estoy teniendo últimamente respecto a “los de menos de veintialgo”, donde empiezan a unirse mis hijas adolescentes y mis alumnos universitarios. Ya me he cansado del discurso, aún habitual entre muchos docentes, que se explaya en la apatía, el desinterés, la pobreza cultural, etc., de los adolescentes/jóvenes. Estoy creyendo, más bien, que los adolescentes y jóvenes tienen vidas ricas y multiplicidad de intereses, pero el interés que no tienen es el de compartirlas con nosotros. Su respuesta a nuestras propuestas de relación no es de rechazo, sino de desconfirmación, que Watzlawick señalaba bien como la posibilidad más perturbadora.

En línea con las reflexiones originadas por Baricco, me parece que en nuestra mirada sobre los jóvenes convive una preocupación legítima por el distanciamiento de formas de apropiación cultural que siguen resultando válidas para la complejización de la experiencia y para algún tipo de práctica emancipatoria (¿es deseable un mundo dónde no se lean libros?), con el prejuicio más descarado respecto a formas culturales que simplemente nos resultan incomprensibles a la mayoría de los adultos.

El problema es que no hay una línea que deslinde claramente uno de otro lado. Mientras me quedo pensando en estas cosas, les dejo un fragmento de la charla de Piscitelli (de calidad bastante mala, pido disculpas por ello).

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