El aula sin paredes


La deslocalización de los saberes

Hace medio siglo Marshall McLuhan (junto a Edmund Carpenter) publicó El aula sin muros: investigaciones sobre técnicas de comunicación 1, una antología de artículos de varios autores, aparecidos originalmente en la revista Explorations. En uno de los textos (que lleva el mismo nombre del libro), el propio McLuhan planteaba la metáfora del aula cuyos muros habían sido derribados por los medios masivos de comunicación, y más específicamente por el hecho de que era en esos medios (prensa, revistas, películas, televisión y radio) donde -a su juicio- tenía lugar “la mayor parte de la enseñanza” 2.

Para McLuhan, derribar las paredes del aula era lo que permitiría que los procesos pedagógicos tomaran nota de la ingente cantidad de posibilidades de enseñanza que fluían por los medios de comunicación. La ausencia de paredes posibilitaría -por decirlo de alguna manera- la visión desde el interior del aula hacia el mundo externo.

Que el aula, y por consiguiente el docente, han perdido el control monopólico del conocimiento, es un dato prácticamente inobjetable. Cuando las tecnologías de comunicación dejan de ser epifenoménicas para convertirse en ejes estructurales de la vida social, asistimos a lo que Martín-Barbero ha denominado procesos de descentramiento y deslocalización de los saberes: “descentramientos y deslocalizaciones que están produciendo una diseminación del conocimiento, que extiende el emborronamiento de las fronteras disciplinares a aquellas otras fronteras que lo separaban tanto de la información como del saber común” 3. Así como ya no resulta sencillo definir fronteras interdisciplinarias, también resulta complicado establecer a priori una separación entre los conocimientos de la vida cotidiana y los propios del ámbito escolar. Asistimos más bien al entremezclamiento de entretenimiento y conocimiento, y para ello basta con hacer zapping y recorrer las cada vez más numerosas señales televisivas que no por educativas dejan de apuntar con criterio comercial a nichos de mercado específicos (desde Discovery Channel y Nat Geo hasta las señales para cinéfilos, pasando por las dedicadas a la cocina gourmet o los viajes). En otro registro, los últimos años también han quedado caracterizados por el desarrollo de megaemprendimientos en donde resultan indistinguibles los criterios culturales o artísticos de los comerciales, políticos o urbanos (con el Museo Guggenheim de Bilbao como mascarón de proa).

Estos procesos de descentramiento y deslocalización del conocimiento han sido registrados de diversos modos. Señalemos, a título de ejemplo, dos de ellos. En Sevilla, el Festival Zemos98 (http://www.zemos98.org/) de 2009 puso en circulación más general el concepto de “educación expandida”, justamente bajo el lema “La educación puede suceder en cualquier momento y lugar”. El brasileño Rodolfo Lemos, uno de los especialistas convocados al encuentro, sintetizó la idea afirmando que “La gente está inventando sus propias maneras de aprender, y eso es lo más emocionante de todo”. Ya la UNESCO había señalado en su Informe Mundial de 2005 que “el fenómeno del aprendizaje está destinado a generalizarse en nuestras sociedades a todos los niveles, y también está llamado a estructurar la organización del tiempo, el trabajo y la vida de las instituciones”. Parte de este cambio de paradigma (que así lo denomina el organismo) consiste en que “la educación o el aprendizaje ya no se limitan a un espacio-tiempo determinado y definitivo” 4.

La consecuencia de estos procesos es que

la escuela, como la institución educativa por excelencia, pierde su centralidad y su hegemonía en la educación y entra por lo menos en un proceso de competencia y en franco deterioro, si no es que de paulatina inanición, al tiempo que otras instituciones, como las mediáticas, irrumpen en escena aunque no gocen del mismo reconocimiento social para educar 5.

Hacer visible el aula

De cualquier forma -y aún cuando la circulación del conocimiento por los espacios más diversos de la vida social es un dato imposible de sobredimensionar-, creo que si la metáfora de McLuhan nos sigue pareciendo productiva es porque resulta posible utilizarla con un sentido diametralmente diferente: las tics, y específicamente el conjunto de herramientas web englobadas genéricamente en el rótulo 2.0, esas tecnologías “baratas, rápidas y fuera de control” de las que habla Brian Lamb, están permitiendo un tipo de visibilidad de los procesos aúlicos que era impensada hace algunos años. Ya no se trata de que los alumnos y docentes pueden mirar hacia el exterior y los conocimientos que allí circulan, sino también de que el mismo proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelve visible desde fuera del aula. Al hablar de tecnologías de comunicación y educación, muchas veces se ha ha tratado de circunscribir la problemática a la educación virtual y los sistemas de e-learning. Herramientas que tienen muchas ventajas, sin ninguna duda; pero donde también viene quedando claro que muchos docentes depositan sus expectativas en el incremento del control que posibilitan (con su registro estadístico obsesivo de cada clic del estudiante, en línea con la profundización del panoptismo que es una de las lógicas posibles en estas sociedades de control). Frente a esta postura, la exploración con criterio pedagógico de prácticas abiertas y colaborativas (como los blogs de clase), lleva a hacer visible parte de los procesos y productos generados en el aula y revitalizan la reflexión acerca del carácter público del conocimiento, especialmente en el nivel universitario.

Brian Lamb alude a esta cuestión con su noción de “edupunk”, y uno de los ejemplos que suele dar resulta bastante significativo. Se trata de la experiencia del curso Murder, Madness and Mayhem impartido por Jon Beasley-Murray en la Universidad de British Columbia (Vancouver), en la cual Murray solicitó a sus estudiantes como trabajo de acreditación la publicación de artículos en Wikipedia, con el objetivo de que alcanzaran el estatus de “artículo destacado”. El aspecto de esta experiencia en el que me quiero detener es en que -de este modo- la evaluación de la producción de los estudiantes se desplazó -de hecho- desde el docente a una comunidad virtual (en este caso la de Wikipedia), que posee criterios potencialmente muy diferentes a los vigentes en la academia. Es lo que ha señalado Baricco al referirse a Google, donde la importancia de una página (el Page Rank) depende principalmente de las páginas que la enlazan (y de la importancia de éstas, medida del mismo modo). Las consecuencias son notables, como explica el escritor italiano:

Lo que me sorprende de un modelo como éste es que reformula de manera radical el concepto mismo de calidad. La idea de qué es importante y qué no. No es que destruya por completo nuestro viejo modo de ver las cosas, sino que lo sobrepasa, por decirlo de alguna manera 6.

La transformación del rol docente y la posibilidad del maestro ignorante

Si nos enfrentamos a una transformación tan radical de los criterios tradicionales de la calidad, ello sin duda repercutirá en la figura tradicional del guardián de la adquisición de esa calidad, es decir el docente.

De hecho, muchos docentes tienen temor a incorporar las tics en el aula, porque presuponen que de ese modo pierden toda “ventaja estratégica”, ya que se introducirían en un campo donde los estudiantes “saben más” que los docentes (al modo de las “culturas postfigurativas” de las que hablaba Margaret Mead). Por supuesto, esta “creencia” parte de suponer que ese “saber” asociado a las tics se limita a sus aspectos más instrumentales, y que la negación o indiferencia es una actitud posible, tal como queda magistralmente reflejado en el título (que a su vez es un hallazgo, porque se trata de un testimonio literal de un docente) del libro que coordinó Roxana Cabello “Yo con la computadora no tengo nada que ver”7.

Pero las cosas son irremediablemente más complejas, y así como las transformaciones de nuestro sensorium que están acarreando las tecnologías de comunicación son definitivamente inevitables, el debilitamiento de las certezas docentes tradicionales no depende de la voluntad (o ausencia de ella) de profesores y maestros. Vale la pena recordar aquí una historia de la que el filósofo francés Jaques Rancière ha sacado valiosos cuestionamientos y enseñanzas. A comienzos del siglo XIX, Joseph Racotot -un intelectual francés comprometido con la Revolución- debió exilarse en los Países Bajos, luego del regreso al poder de los Borbones. Allí se vio obligado a establecer un piso comunicativo con sus alumnos, algo que resultaba complicado: sus alumnos no hablaban francés, él no sabía una palabra de neerlandés. Se le ocurrió darles a sus estudiantes un libro en versión bilingüe y -sin mayor ayuda y de manera para él sorprendente- sus alumnos aprendieron a expresarse correctamente en francés. La conclusión que sacó de todo ello el iluminista Racotot es que un maestro puede enseñar lo que se ignora, o dicho de otro modo, que no es una contradicción hablar de un maestro ignorante.

Dado que “la educación […] se ha desplazado casi a cualquier lugar” 8, tal vez es hora de retomar las lecciones de Joseph Racotot: la condición para enseñar lo que se ignora es que se reconozcan en el estudiante su inteligencia, y se busque con ello su emancipación9.

1Marshall McLuhan and Edmund Carpenter, El aula sin muros (Laia, 1974).

2Ibid., 155.

3Jesús Martín-Barbero, La educación desde la comunicación, 1º ed. (Buenos Aires: Grupo Editorial Norma, 2002).

4Unesco, Hacia las sociedades del conocimiento (Paris Francia: Unesco, 2005), 64-65.

5Guillermo Orozco Gómez, “De la enseñanza al aprendizaje. Desordenamientos educativo-comunicativos en los tiempos, escenarios y procesos de conocimiento”, Nómadas 21 (2004): 122.

6Alessandro Baricco, Los bárbaros: ensayo sobre la mutación (Barcelona: Anagrama, 2008), 108-109.

7Roxana Cabello, ed., Yo con la computadora no tengo nada que ver: un estudio de las relaciones entre los maestros y las tecnologías informáticas en la enseñanza (Buenos Aires: Prometeo, 2006).

8Orozco Gómez, “De la enseñanza al aprendizaje. Desordenamientos educativo-comunicativos en los tiempos, escenarios y procesos de conocimiento”, 123.

9Jacques Rancière, El maestro ignorante: cinco lecciones sobre la emancipación intelectual, 1º ed. (Barcelona: Editorial Laertes, 2003).

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