“Ni una sola palabra de amor” y el entretenimiento-red


Con una extraña sensación, similar a la que se tiene al mirar viejas fotografías familiares de personas desconocidas, un fragmento de la historia íntima de María Teresa y Enrique se volvió popular, se viralizó en las redes sociales y se convirtió en objeto de múltiples conversaciones, chistes e incluso discusiones.

Este fragmento de la historia quedó registrado en un contestador automático de casete, un aparato del cual podemos imaginar su historia, su obsolescencia y su sustitución por formas digitales de casillas de voz, y su venta en el mercado de pulgas, previo paso –muy posiblemente– por una estadía en el desván del hogar. Convertido así en una antigüedad, fue adquirido como tal, posiblemente desconociendo el contenido de la cinta que luego –por considerarse, por ser, entretenido– fue colocado en la web y empezó a circular como guiño de culto. El Niño Rodríguez, dibujante de historietas y artista plástico, decidió que era buen material para hacer con él un video, protagonizado por Andrea Carballo, pero manteniendo el audio original.

¿Pero de qué trata esa cinta? Es el registro de los reiterados reclamos de una mujer hacia quien, sospechamos (sin saberlo del todo), es su pareja (¿o tal vez su socio comercial, o ambas cosas?), llamadas que no tienen respuesta y en las que se tamizan inquietud, despecho, dolor, dependencia, desazón, enojo… Finalmente, después de una seguidilla de más de diez mensajes a lo largo de todo un fin de semana, Enrique contesta y se hace el desentendido.

El video, que ganó varios premios en festivales internacionales de cortometrajes antes de su estreno on line el 1° de agosto (estreno comunicado con un evento de Facebook), tiene una ambientación retro, decoración y vestimenta de la década del cincuenta. Pero la historia sucedió en 1998, y luego de que el video se convirtiera en un éxito en la web y se transformara en una de esas noticias tech que ocupan su lugar en las agendas mediáticas, los verdaderos María Teresa y Ernesto fueron localizados por los periodistas de espectáculos y entretenimiento, y ellos mismo se convirtieron en noticia.  En el sinnúmero de entrevistas que concedieron explicaron, siempre en la voz de María Teresa, con algún agregado de Enrique, el contexto de los mensajes, la situación por la que atravesaba entonces la pareja y la situación actual, en donde siguen conviviendo porque, dice ella “Yo le había dado un raje violento pero necesitaba que volviera” (1). Explicaron también el sentido de una de las frases más festejadas del audio: “Venís a hacer una propuesta para volver y me pedís un toallón y una toalla ¿no es una ambivalencia?”.

Resta acotar que el ciclo de episodio doméstico oculto – descubrimiento – video de culto – viralización – noticia mediática – aparición de protagonistas – éxito mediático se complementó a lo largo de todo su desarrollo por una infinidad de intervenciones por vía de las redes sociales. En Twitter, por ejemplo, el hashtag #niunasolapalabradeamor reunió felicitaciones por el video y recomendaciones para verlo, pero más aún críticas y apoyos a uno u otro de los protagonistas “reales”. La frutilla del postre fue aportada por el gigante Google, que organizó (como parte de su campaña de promoción de sus servicios web) una reunión virtual entre los realizadores del video y los auténticos Ernesto y María Teresa, quienes charlaron mediante un hangout transmitido on line por Youtube, el 3 de setiembre.

Popularidad. El episodio relatado es un entrecruce de lógicas y lenguajes muy diferentes: conviven aquí la cotidianidad de personas desconocidas, representantes sin querer de innumerables matrimonios argentinos de clase media baja, la mirada de artistas contemporáneos para quienes –desde Andy Warhol en adelante– lo kitsch y lo popular pueden volverse material de trabajo, la lógica de la web y la viralización, las agendas mediáticas y su capacidad de incorporación de noticias, la capacidad y los intereses de macrocorporaciones nacionales y globales.

Tal vez sea justamente esa capacidad de emerger y permanecer en la encrucijada lo que afirma su condición popular. Pero hay muchos otros guiños, de los cuales el más destacado es el humor: la risa emerge naturalmente al escuchar los reclamos de María Teresa, su insistencia en llamar y llamar. Si parece sacado de alguna de esas comedias grotescas que han caracterizado cierto cine argentino, el más vinculado a una producción industrial que no pide disculpas por ello.

¿No son acaso propiamente melodramáticos los reclamos de María Teresa? ¿No podríamos encontrar en cualquier telenovela latinoamericana una frase como ésta: “Y vos decías que querías tiempo, que hacía falta tiempo. Y el tiempo no lo tenés conmigo para proyectar lo que hay que proyectar y solucionar lo que hay que solucionar. No sé más qué decirte, no sé más qué hacer…. Adiós”? ¿Y no es el melodrama el lenguaje de la cultura popular, como nos enseñó Jesús Martín-Barbero?
María Teresa y Ernesto son como nosotros, un dato que no alcanza a esconder su tamización por la mirada del artista de vanguardia. Y es allí, justamente, donde se da el gesto de reconocimiento, la interpelación a una memoria colectiva.

Entrenimiento. Cada vez es más difícil separar lo culto de lo popular, algo que ya había entrevisto Néstor García Canclini en Culturas híbridas, pero que se ha ido acentuando en las dos décadas que nos separan de ese libro. Por algo La Nación, en su edición del 6 de setiembre, habla del “auge de los museos”, destacando las cifras de asistencia a tres megaexposiciones en distintos puntos del mundo: 160.000 visitantes en la muestra de Yakoi Kusama en el MALBA (Buenos Aires), 175.000 para experimentar Rain Room en el MoMA (New York), 730.339 en la retrospectiva de Salvador Dalí en el Reina Sofía (Madrid)  ¿No se trata, después de todo, del adorniano valor de la conspicuos production?

El arte contemporáneo está, muchas veces, lejos de la solemnidad y el aburrimiento. Busca explícitamente entretener, aunque no siempre lo logre. Ni una sola palabra de amor (el video) es entretenido, aún –o tal vez justamente por ello– proviniendo de un videoartista under como El Niño Rodríguez. Sus propuestas estéticas buscan reflexionar, incidir en la vida pública, pero también lograr una sonrisa. Véase, como ejemplo, su serie sobre el “Argenchino”, inspirada en una imagen-símbolo de los episodios de Argentina en diciembre de 2001: el saqueo a un supermercado chino frente a las cámaras de televisión, que se regodearon, casi obsenamente, en el llanto de su propietario. Sus historietas (labor por la que es más conocido) son casi siempre humorísticas, aunque a veces se trate de una risa burlona o cínica. Pero en el caso que motiva esta reflexión, son otros los ecos de la risa: es la risa franca propia del pueblo, es la emergencia de un fragmento de vida que se vuelve risueño al ser mirado en retrospectiva, cuando se recrea el enfrentamiento mítico entre los géneros: mujeres  identificándose con María Teresa y sus reclamos, varones que unívocamente responden victimizándose frente a los incomprensibles reclamos femeninos..

Y es que posiblemente sea más divertido participar, de un modo u otro, en esta trama, que limitarse al rol de espectador. Por eso el fenómeno sucedido es, casi con toda certeza, inseparable de las modalidades actuales de consumo de las culturas del entretenimiento, cuando la importancia del mainstream sigue siendo innegable, pero se acompaña de resquicios por donde se filtran microproductos que alcanzan popularidad desde lógicas no del todo controladas por los grandes dinosaurios. Recibir un dato, convertirse en miembro del selecto grupo que conoce algo nuevo, comentarlo, compartirlo, es una parte central del placer que se obtiene aquí. Por eso casi no se puede separar su impacto inicial de la viralización; cuando más tarde fue tomado por los medios masivos, que lo transformaron en una “nota de color”, su productividad como entretenimiento se tradujo a un nuevo código, mucho más amplio pero también más pasivo.

Placeres bárbaros. Resulta evidente en esta historia que el sentido que puede extraerse no está localizado totalmente en ningún lado (¡ni siquiera en los mensajes originales!), sino que surge del eslabonamiento, entre azaroso y planificado, de textos e intervenciones diversos. Dice Baricco sobre el modo en que los bárbaros (los mutantes, los exponentes culturales de este tercer milenio, hiperconectado y heterogéneo) leen libros: “si por un libro pasan cantidades de mundo, ése es un libro que hay que leer” .

¿Cuántos trozos de qué mundos pasan por Ni una sola palabra de amor? La vida cotidiana de la clase media argentina en el filo de la crisis de 2001, los conflictos estereotípicos de pareja, la narración mil veces escuchada que comienza con el hallazgo de algo perdido, pero esta vez como suceso realmente acaecido, la intervención del arte underground, la actividad twittera de los “prosumidores” (tanto para la recomendación como para el comentario) y la expansión viral, la traducción a los formatos periodísticos de los medios masivos y la transformación desde noticia tech a caso de gente perdida y encontrada…
Las nuevas pantallas permiten a muchos espectadores huir de la televisión generalista y del aburrimiento que la atraviesa, trasladándose a otras experiencias audiovisuales, a otras narrativas y a otros formatos. Sigamos con Baricco. Dice de Google (que no casualmente también entra en nuestra historia con el rol de hada madrina, reuniendo en el ciberespsacio a todos los protagonistas) que nos enseña que, para cada vez más gente, “el saber que importa es el que es capaz de entrar en secuencia con todos los demás saberes” . Allí hay que buscar el atractivo de este episodio y su ejemplariedad: en la deslocalización del sentido y en su difuminación por toda una red, en la cual cada nodo (incluido el video) sólo cobra valor en su relación con el conjunto.

Sin ninguna vocación de hegemonía, sólo cabe esperar la multiplicación de historias como esta.

Notas

(1) Scanarotti, María Noel, “Apareció María Teresa: la mujer real detrás del corto furor en la web”, Diario Clarín, jueves 22 de agosto de 2013.

(2) de Arteaga, Alicia, “Arte en transición. Cambios en los principales museos porteños”, La Nación, viernes 6 de setiembre de 2013, pág. 1 y 16.

(3) Baricco, Alessandro, Los bárbaros: ensayo sobre la mutación, Anagrama, Barcelona, 2008, pág. 89.

(4) Ibíd., pág. 110.

María Teresa y Ernesto en la actualidad, ejercitando la autoparodia

Bibliografía inspiradora:

Bajtin, Mijail (2003). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid: Alianza.

Baricco, Alessandro (2008). Los bárbaros: ensayo sobre la mutación. Barcelona: Anagrama.

García Canclini, Néstor (1990). Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo.

Martel, Frédéric (2011). Cultura mainstream: cómo nacen los fenómenos de masas. México: Taurus.

Martín-Barbero, Jesús (1987). De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía. Barcelona: Gustavo Gilli.

Rincón, Omar (2010). “Nuevas narrativas televisivas: relajar, entretener, contar, ciudadanizar, experimentar”. En Comunicar, revista científica de Educomunicación N° 36.

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