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La notebook educativa en Chubut: entre potencia y limitación


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Hoy estuve visitando la Escuela Provincial N° 180 (la escuela tiene un blog: http://escuela180.blogspot.com), en Sarmiento (Chubut, Argentina), una de las escuelas piloto de la implementación de modelos de utilización de computadoras 1 a 1 llevados adelante por educ.ar. La escuela está en la zona periurbana de una localidad pequeña (8.028 habitantes según el Censo 2001), cuya principal actividad económica es agraria en pequeña escala. Es un barrio pobre, y es bastante obvio que la mayoría de los chicos no cuentan con computadoras en sus casas.

La charla con Fabián Ferreyra, director de la escuela, fue más que productiva. Desde su visión, la experiencia ha sido hasta ahora positiva, aunque el eslabón débil no pasa por las características del equipo, sino por los condicionamientos de la práctica docente (falta de tiempo, poca capacitación específica, cierta soledad en la tarea). Del lado de los chicos la incorporación del dispositivo es total, y me parece que el tipo de equipo tiene ventajas claras. El problema para que la experiencia sea óptima está del lado de la ausencia de proyectos que asuman de modo decidido que la incorporación de TICs al aula, si bien presupone la compra y entrega de equipamiento, es centralmente una cuestión de transformaciones pedagógicas. Y eso supone una inversión fuerte en recursos humanos, capacitación, desarrollo de contenidos, etc.

compromiso y pilas

Fabían Ferreyra, director de la escuela: compromiso y pilas

Haciendo un muy breve resumen: el proyecto de “una notebook por chico” fue lanzando por Nicholas Negroponte en 2005 (la “pc de 100 dólares”), presentando el equipo algo así como un año después. Yo no he tenido en mis manos ese equipo -el XO- pero parece que estaba pensado con un claro objetivo pedagógico, desde su hardware hasta el sistema operativo (una versión especial de Linux llamada Sugar). El problema es que, aunque ese no fuera el objetivo, lo que terminó pasando es que se abrió un nuevo nicho de mercado de equipos más pequeños, con fines educativos o no (Dell acaba de sacar un modelo para este segmento pero sin buscar específicamente el mercado educativo). En fin: Intel no podía desperdiciar este negocio, tanto por su importancia inmediata (licitaciones fuertes de los gobiernos para equipar las escuelas públicas) como por el hecho de que dejar crecer la XO/Sugar suponía una aculturación de las nuevas generaciones en un “dialecto” distinto del de Intel/Win. Así que más rápido que volando presentaron la classmate, su “notebook educativa”, que de específicamente pedagógico tiene poco y nada. Es una máquina con XP, sin una filosofía específica que le de marco, y cuyas únicas diferencias son el peso (más liviana) y la carcasa (algo más resistente). Parece que finalmente Intel ganó la partida, no por prepotencia de trabajo (como decía Arlt), sino nomás por la prepotencia del capital.

En el haber, la classmate permite una incoporación de las tics al espacio aúlico que por ahora aparece apenas explorado en sus potencialidades, y casi que vuelve abstracta la cuestión de la brecha digital (no de la brecha cognitiva, por supuesto). En el debe, el equipo no tiene ningún adelanto específico y se propone como una plataforma ofimática antes que otra cosa y, además, se ha transformado en un gran negocio de un grupo de grandes empresas.

Eso sí, los chicos del Barrio Progreso, en Sarmiento, están felices. Y razones no les faltan.

Algunas referencias:

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