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Confieso que he leído: libros del 2014


Mis lecturas (especialmente las de ficción, que hago casi exclusivamente por placer) suelen constituir un derrotero idiosincrático. Que el lector no espere, en esta revisión de lo leído durante el año, algo así como la selección de “los libros del año”: para eso que recurra mejor a los suplementos culturales, que inevitablemente incluyen este tópico en sus ediciones de diciembre. Aquí me concentraré en algunos de los libros que he leído, una mesa de luz donde conviven (con cierta ecléctica armonía) títulos más o menos recientes y otros que tienen varias décadas desde que fueran publicados.

23457Entre los libros de ficción (creo que casi todas novelas) me parece que la que más me gustó es una de las más viejitas: La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula Le Guin. Un libro que empieza con la frase: “Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación” ya tiene un handicap apreciable a su favor. Este libro es parte del Ciclo de Hainish, una saga de ciencia ficción antropológica más interesada por las peculiaridades de lo humano y la complejidad de la comunicación entre culturas radicalmente distintas, que por las naves espaciales y los rayos laser. Aunque comparten el mismo mundo ficcional, los títulos de este ciclo son independientes y pueden leerse en cualquier orden. En La mano izquierda de la oscuridad un viajero interestelar llega, con una misión, a un mundo en donde (tal vez como causa de alguna experimentación genética de la que se ha perdido el rastro) los seres humanos no poseen características sexuales definidas. En vez de ello pasan por un período mensual de una especie de celo (el kémmer) en donde se definen en el individuo los órganos sexuales (masculinos o femeninos), en forma complementaria a la definición de su compañero. Y luego los órganos se contraen y el individuo vuelve a ser un total andrógino. Este marco le permite a Le Guin especular acerca de cómo sería una sociedad en la cual las diferencias sexuales fueran inexistentes ¿cómo cambiaría nuestra cultura, nuestros valores, nuestras conductas?

Me entusiasmó tanto que agarré empuje para leer otros títulos del Ciclo de Hainish, de los cuales recomiendo Los desposeídos: un sistema planetario doble (una Tierra con una luna agreste, pero habitable) en el cual se entrega la luna a un movimiento revolucionario anarquista, que crea una sociedad sin dominación, sin propiedad y sin poder. Otro ejercicio de especulación filosófico-antropológica de Le Guin. También leí El mundo de Rocannon, Planeta de exilio y Ciudad de ilusiones, antes de que se me agotara el envión. Me ha pasado antes con otras sagas: con la de Terramar (de la misma Le Guin) donde disfruté los primeros cuatro tomos, pero nunca pude pasar de las primeras páginas del quinto; hace muchos años con Dune, de Frank Hebert –el primero me maravilló tanto que enseguida pasé al segundo, al tercero, al cuarto que ya me pareció un plomo indigerible. Y nunca más visité Arrakis.

1202812234_0Literatura inglesa: dos novelas de autores británicos actuales. La primera es Operación Dulce, de Ian McEwan, una trama de espionaje soft (no esperen que aparezca un émulo de 007) con un dispositivo narrativo al final que hace que se reconceptualice todo el libro. La segunda es La Casa de los Encuentros, de Martin Amis. Esta última me impactó bastante: la historia de dos hermanos rusos enviados a un Gulag después del final de la Segunda Guerra Mundial. El pensamiento objetivante, dirían Adorno y Horkheimer, llevado a la racionalización del horror.

Pasando a narrativa en español, leí El camino de Ida, la última novela del admirado Ricardo Piglia. No es lo mejor que ha escrito, pero la trama inspirada en el Unabomber y los neoluditas es interesante, y su pluma sigue siendo atractiva y disfrutable. Más innovadora es la escritura de Gabriela Cabezón Cámara, de la que leí (a instancias de Celina Salvatierra) La Virgen cabeza, relato bastante inclasificable: atrapante, divertido, desgarrador, sobrecogedoramente argentino.

No pude terminar El viajero del siglo, de Andrés Neuman (Premio Alfaguara 2009). Por la mitad de las más de 500 páginas, las “aventuras” más bien masturbatorias de un grupo de románticos alemanes del siglo XIX pasaron a volverse indigeribles: la decepción del año. Y ahora, cerrando el 2014, estoy con El testigo, de Juan Villoro. Aún no llego a un tercio, pero viene bien: divertido, de trama interesante, documentado y bien escrito.

Respecto a no ficción, mis lecturas del año han sido más bien instrumentales: informes de investigación, textos necesarios para armar estados del arte o fundamentar proyectos, etc. Hace rato que no leo un libro que me rompa la cabeza, que me haga pensar las cosas de otro modo. Ahora estoy leyendo Taken for Grantedness de Rich Ling, y resulta un enfoque interesante: cuando habitualmente la literatura sobre tecnologías de comunicación se centra en el “impacto” de su introducción, Ling se enfoca en el “después”, cuando la tecnología ya ha sido aceptada y se da por supuesta.

la-larga-revolucionOtros libros recorridos este año (y que se salen de la preocupación directamente instrumental de otras lecturas) fueron La representación de la realidad, de Jonathan Porter y Teoría cultural y cultura popular, de John Storey. El primero un análisis interesante de los procesos interaccionales –siempre específicamente situados– por los cuales construimos discursivamente los hechos; el segundo un manual introductorio al recorrido que ha realizado la tradición británica crítica (desde la corriente de cultura y civilización hasta los feminismos y posmodernismos, pasando por los estudios culturales) en torno a la conceptualización de la cultura popular.

Pero creo que –como pasa muchas veces– la lectura más interesante ha sido una deuda pendiente: La larga revolución, el clásico de Raymond Williams, del que me sorprendió (Williams siempre sorprende) su casi absoluta vigencia, medio siglo después de su publicación.

Y eso no es todo, pero es lo que vale la pena consignar (o lo que recuerdo, que es lo mismo).

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